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¿Por qué las brujas trabajan con la luna? - Fases lunares - Lorena Rivera Bruja Manifestadora - Energía Magia y Expansión

La luna ha acompañado al ser humano desde mucho antes de que existieran calendarios como los conocemos hoy.

Su movimiento y los cambios visibles de sus fases ofrecían una forma de observar el paso del tiempo y reconocer ciclos que se repetían de manera regular.


Desde hace miles de años, diferentes culturas han observado los ciclos de la luna para organizar calendarios, establecer el comienzo de los meses y determinar el momento de determinadas celebraciones y prácticas rituales. Con el tiempo, la luna y sus diferentes fases también adquirieron distintos significados simbólicos y religiosos.


Hoy, dentro de la brujería, seguimos relacionándonos con la luna y atribuyendo diferentes significados a sus fases.

Pero...

  • ¿De dónde viene realmente esta relación con los ciclos de la luna?
  • ¿En qué momento pasamos de observarlos y darles significado a convertir las fases lunares en reglas que creemos que debemos seguir dentro de nuestra práctica mágica?

En este artículo hablaremos acerca de la relación entre la luna y la brujería y profundizaremos en:

  • Por qué empezamos a observar la luna y sus fases para comprender nuestros propios ciclos.
  • Qué representaban las fases lunares antes de convertirlas en un calendario de rituales.
  • Cuándo convertimos las fases lunares en "reglas" que una bruja tiene que obedecer.
  • Cómo puede una bruja relacionarse conscientemente con la luna.

Recuerda: conocer de dónde vienen las prácticas y creencias que hoy asociamos a la brujería nos permite dejar de seguirlas de manera automática y comenzar a comprender qué lugar queremos que ocupen dentro de nuestra propia práctica mágica.


¿Estás lista?

Comenzamos.

¿Por qué empezamos a observar la luna y sus fases para comprender nuestros propios ciclos?

Imagina vivir en una época sin relojes, calendarios ni aplicaciones que te indiquen cuándo empieza un nuevo mes.

Cada noche levantas la mirada y descubres algo que cambia en el cielo, pero no de manera aleatoria.

Hay noches en las que la luna prácticamente desaparece. Después comienza a mostrarse, crece hasta alcanzar su iluminación completa y vuelve a disminuir hasta desaparecer otra vez.

Y ese proceso se repite.


Mucho antes de atribuirle significados relacionados con nuestras emociones o procesos personales, la humanidad observó la luna para comprender el paso del tiempo.

Mientras que el sol nos permite distinguir fácilmente entre el día y la noche, la luna nos muestra un ciclo más largo, de aproximadamente 29 días y medio.

No hacía falta comprender astronomía para reconocerlo. Bastaba con observar el cielo durante suficientes noches.

Así, distintas sociedades utilizaron los ciclos lunares para organizar el tiempo y construir calendarios.


Pero los seres humanos no nos limitamos a observar los fenómenos naturales. También construimos significados alrededor de ellos.

Y piensa en lo que estaban viendo nuestros antepasados: algo que aparece, crece, alcanza su máximo, disminuye, desaparece y vuelve a comenzar.


A partir de esa experiencia surgieron historias, mitos, divinidades y celebraciones relacionadas con el nacimiento, la muerte, la fertilidad, la renovación y la transformación.

La luna dejó de ser únicamente una manera de contar los días y comenzó a ocupar un lugar simbólico.

Sin embargo, aquí quiero aclarar algo fundamental: no existió una interpretación universal de la luna.

Cada cultura construyó sus propias historias y maneras de relacionarse con ella.


Y comprender esa diversidad es importante para no confundir nuestras correspondencias actuales con reglas que supuestamente todas las brujas han seguido desde la antigüedad.




¿Qué representaban las fases lunares antes de convertirlas en un calendario de rituales?


Cuando alguien habla del significado ancestral de las fases lunares, siempre me surge una pregunta:

¿Ancestral para quién?

¿De qué territorio, época, religión o sistema mágico estamos hablando?


La luna que observamos es la misma, pero las historias y los significados que diferentes sociedades han construido alrededor de ella no lo son.

Y esto es precisamente lo que hace tan interesante su historia.


Durante miles de años, los seres humanos observaron los movimientos del cielo para organizar calendarios, festividades, prácticas religiosas, actividades agrícolas y diferentes formas de trabajo mágico.

Con el tiempo, esa observación también dio importancia a una cuestión que sigue presente en la brujería: el momento en el que realizamos una práctica.

La astrología y distintas formas de magia astral llevan mucho tiempo interesándose por los momentos considerados apropiados para determinadas acciones.


Pero reconocer esa historia no significa afirmar que todas las brujas antiguas utilizaban la luna creciente para manifestar y la menguante para soltar.

Nuestra brujería también ha cambiado con el tiempo.

Ha incorporado prácticas de distintos lugares, reinterpretado símbolos y desarrollado nuevas tradiciones y sistemas.

Muchas de esas ideas circularon después a través de libros, escuelas esotéricas, prácticas neopaganas y distintas expresiones de la brujería contemporánea.

Más adelante llegaron también a internet y a las redes sociales...


Y así terminamos encontrándonos con mensajes que nos dicen que, porque hoy hay luna llena, tenemos que manifestar.

Lo interesante es observar cómo pasamos de relacionarnos con un fenómeno natural a recibir instrucciones sobre lo que supuestamente debemos hacer durante cada fase.

Porque una cosa es construir un significado simbólico y otra muy distinta convertirlo en una obligación.




La luna en la brujería: ¿Cuándo convertimos las fases lunares en "reglas" que una bruja tiene que obedecer?


Primero observamos la luna. Después construimos significados alrededor de sus fases, los incorporamos a nuestras prácticas y desarrollamos correspondencias mágicas.


El problema aparece cuando esas correspondencias dejan de ser herramientas simbólicas y se convierten en reglas que sentimos que debemos obedecer.

Pensemos en la luna creciente. Noche tras noche, observamos cómo aumenta la parte iluminada que vemos desde la Tierra. Podemos elegir ese crecimiento visible como símbolo para acompañar algo que deseamos desarrollar.


Con la luna menguante ocurre algo parecido.

Al observar cómo disminuye su iluminación, podemos utilizar ese proceso como símbolo para trabajar aquello que queremos reducir, terminar o dejar atrás.

Ambas posibilidades me parecen preciosas, pero hay una diferencia enorme entre elegir una fase porque su simbolismo tiene sentido para ti y pensar que no puedes realizar un ritual porque la luna está en otra fase.

En el primer caso, utilizas conscientemente un símbolo.

En el segundo, permites que ese símbolo decida por ti.


Cuando la correspondencia se convierte en una obligación

Quizás alguna vez has querido realizar un trabajo mágico, tenías claro tu propósito y estabas preparada para hacerlo.

Pero entonces descubriste que la fase lunar no coincidía con la correspondencia que habías aprendido.

Y decidiste esperar.

¿De verdad necesitas posponer una decisión importante durante dos semanas porque el calendario lunar indica otra fase?

¿Significa que has arruinado un ritual por realizarlo durante una luna que supuestamente no correspondía?

Para mí, aquí es donde una relación hermosa con la luna puede convertirse en obediencia.

Y no es eso lo que busco con la brujería.


Nuestra práctica debería ayudarnos a recuperar nuestra capacidad de elegir, no a depender constantemente de instrucciones externas.

Ahora bien, tampoco quiero que nos vayamos al extremo contrario.

No estoy diciendo que las fases lunares no importen o que debamos dejar de utilizarlas.

A mí me encanta trabajar con ciclos naturales, elegir momentos y construir rituales alrededor de ellos.

Precisamente por eso, quiero hacerlo conscientemente.


Puedes trabajar con la luna nueva, creciente, llena o menguante. Lo importante es comprender por qué eliges cada una.

Una correspondencia puede ser un lenguaje para tu práctica sin convertirse en una orden.

¿Necesitamos justificar científicamente nuestra magia lunar?

Hay otra explicación que seguramente has escuchado: como la luna influye en las mareas y nuestro cuerpo contiene mucha agua, entonces también controla nuestras emociones.

Pero aquí estamos dando un salto que merece nuestra atención.

Que la gravedad lunar tenga un papel fundamental en las mareas no demuestra automáticamente que la luna llena controle nuestras emociones, nuestra menstruación o nuestra energía de la manera en que muchas veces se afirma.

Y para mí esto es importante.

No necesito inventar una explicación científica para justificar mi práctica mágica.

Puedo reconocer que la luna tiene un significado profundo dentro de mi brujería sin afirmar que la ciencia ha demostrado efectos que no se desprenden de esa relación con las mareas.

Son conversaciones diferentes.

Puedo trabajar con sus ciclos porque he elegido construir una relación consciente con ellos.

No necesito que un laboratorio valide mi ritual, pero tampoco necesito utilizar incorrectamente la ciencia para darle legitimidad.

Eso también forma parte de practicar brujería con conciencia.




Entonces ¿Cómo puede una bruja relacionarse conscientemente con la luna?


Descúbrelo haciendo CLICK en el VIDEO que está debajo.

¡Que lo disfrutes!.  

Conclusiones

La relación entre la luna y la brujería tiene una historia mucho más amplia que las listas de correspondencias que encontramos actualmente.

Antes de construir rituales alrededor de sus fases, los seres humanos observaron sus ciclos, aprendieron a reconocer el paso del tiempo y desarrollaron diferentes significados culturales y espirituales.

Y hoy podemos continuar construyendo nuestra propia relación con ella.

Puedes elegir la luna creciente para acompañar un proceso de crecimiento, la menguante para trabajar algo que quieres dejar atrás o la llena para representar una culminación.

También puedes observarla durante meses sin realizar ningún ritual. Seguirás siendo bruja.

Porque la luna puede marcar un ritmo sin convertirse en una autoridad sobre tus decisiones.

La próxima vez que encuentres un mensaje diciendo que debes realizar determinado ritual porque hay luna llena, quiero proponerte algo. Antes de buscar tus velas o consultar una lista de correspondencias, levanta la mirada y observa la luna.

Pregúntate qué significa ese momento para ti y cómo quieres relacionarte con él.

Quizás ahí comience una práctica mucho más profunda: no cuando aprendas todas las reglas de la magia lunar, sino cuando dejes de necesitar que alguien te diga cómo debes relacionarte con el cielo.

Al final, eso es lo que estamos explorando cuando hablamos de altares, fuego, hierbas, sal, agua o luna: cómo construir una brujería consciente en la que tú sigas siendo quien elige.


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¡A brillar querida!

Te lo mereces.


Nos vemos muy pronto.


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